Este proyecto consistió en el rediseño de un envase de lubricante para motor de la marca Shell, orientado a captar la atención de un público joven interesado en los deportes extremos. A partir de una investigación sobre el producto, el público no usuario y las tendencias visuales, desarrollé una propuesta gráfica basada en el estilo Lowbrow, con una estética irreverente, colorida y de alto impacto visual. El diseño buscó resignificar el producto desde una identidad más fresca y disruptiva, ampliándolo además a una familia de dos envases coherente entre sí.